Era perfecto, jamás podré volver a sentir con nadie lo que sentí contigo, me gustaban tus caricias, entre tus brazos me sentía protegida, segura, como si el mundo exterior no pudiera tocarme, comprendías cada uno de mis gestos y miradas, jamás podré expresarme como lo hacía cuando necesitaba contar algo y te miraba a los ojos, siempre tenías una respuesta, un consejo, una palabra de aliento, aunque verte a mi lado cada mañana siempre fue suficiente, pero siempre me dabas más, querías hacerme feliz a toda costa.
Recuerdo lo caprichoso que eras, siempre hacías algún nuevo descubrimiento que se convertía en afición, me gustaba porque te hacía feliz, siempre decías que no terminabas nada de lo empezado, que te cansabas de todo a medias, a mí no me importaba hasta que yo me convertí en tu juguete, te cansaste de mí, me tenías ya muy vista.
Un día desapareciste de mi vida, fue doloroso y repentino, yo no lo comprendía, de un día para otro me quedé desprotegida, olvidada como un juguete, me hiciste daño, cada palabra era una puñalada y jamás obtuve un porqué.
Mi corazón se marchitó, me hundí y tú jamás tuviste el más mínimo remordimiento, no hiciste nada para evitarlo, te quedaste mirando como me desangraba, conseguiste que jamás pudiese amar como lo hice contigo, que jamás pudiese dar tanto por nadie, que mi sonrisa no fuese la misma y mi mirada gritase que no había esperanza.
Sentí que era una basura, si lo que más amas, si aquello por lo que darías la vida y hasta la última gota de tu sangre te hace eso, ¿qué no te harán los demás?, ¿qué te espera?
Me odié, algo debí de hacer mal, pero no consigo averiguar qué, si tan sólo me hubieses dado otra oportunidad, juntos habríamos sido uno, como antes, lo habríamos conseguido todo.
Y aún así todavía te amo, ojalá lo comprendieses, lo siento, lo siento tanto… si mis lágrimas sirviesen para sanar mi corazón, para curar lo nuestro… he derramado tantas que no sabría donde meterlas… ¡Dios! te amo, no lo puedo evitar, lo siento…