Hoy eché a volar, sobre las copas de los árboles planeando me di cuenta de que una sombra me seguía. Esa sombra es mi pecado, esa sombra es mi culpa.

No volveré a estar sola, siempre estará detrás de mí. Da igual las decisiones que tome a partir de ahora, ya no hay marcha atrás. Pudiste elegir y escogiste tu egoísmo, pudiste decidir y no lo hiciste bien, en ambos casos te habrías arrepentido, qué me vas a contar a mí. Esa sombra es mi pecado, esa sombra es mi culpa.

En realidad, si lo piensas, nada habría estado bien. Una vez te pringas de barro hasta las rodillas, ya sólo te puedes hundir. Como un cuervo te sigue, marchitando todo sentimiento de alegría, no puedes fingir ceguera ante tu sentimiento de pena. Si te sientes con fuerza, tal vez un día me cuentes qué se siente. Esa sombra es mi pecado, esa sombra es mi culpa.

Ven a arrepentirte al infierno, una vez has caído ya no puedes salir. Si puedes explícame porque todavía sueñas con ello. No parece sano despertar cada día entre sudores fríos y temblando. No parece normal lo que sientes, no parece normal lo que eres. Esa sombra es mi pecado, esa sombra es mi culpa.

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